Técnicas de estudio I. La lectura vertical.

Como asignatura, la filosofía es sin duda una de las más “raras” y complicadas. Es normal que el alumno que estudia filosofía por vez primera se sienta perdido a la hora de tomar apuntes o  preparar un examen. Hay varias razones: se trata de temas muy abstractos en los que posiblemente no hemos reparado antes, no existen respuestas claras y definitivas, el vocabulario es complicado, no le encontramos una utilidad inmediata… Para algunos la solución más socorrida es memorizar. Pero eso no suele dar buenos resultados; cuando memorizamos algo que no comprendemos es muy muy fácil poner alguna barbaridad.

El punto de partida para estudiar filosofía (y también para que nos guste) es aprender a leer filosofía. Y esa es una tarea que exige constancia y paciencia. Al igual que los niños aprenden a leer letra a letra, nosotros tenemos que reaprender a leer despacito, “destripando” cada palabra, traduciéndola a nuestra intimidad, haciéndola nuestra a fin de cuentas. Como todo, al principio nos lleva mucho tiempo, pero cuando le pilléis el truco no sólamente habréis aprendido a leer, también sabréis hacer apuntes y redactar. Ya lo trabajaremos en clase.

Ya sea una obra clásica, el libro de texto o los apuntes de clase es necesario ser conscientes del valor y el sentido de cada palabra.  A propósito de este tema he encontrado con un texto de Ortega y Gasset que describe perfectamente lo que quiero explicaros. A ver que os parece.

 

«La filosofía no se puede leer, es preciso desleerla –quiero decir, repensar cada frase y esto supone romperla en sus vocablos ingredientes, tomar cada uno de ellos y en vez de contentarse con mirar su amena superficie tirarse de cabeza dentro de él, sumirse en él, descender a su entraña significativa, ver bien su anatomía y sus límites para salir de nuevo al aire libre dueño de su secreto interior. Cuando se hace esto con los vocablos todos de una frase, quedan unidos no costado a costado sino subterráneamente, por sus raíces mismas de idea, y sólo entonces componen de verdad una frase filosófica. A la lectura deslizante u horizontal, al simple patinar mental hay que sustituir la lectura vertical, la inmersión en el pequeño abismo que es cada palabra, fértil buceo sin escafandra.»

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