Platón: textos PAU

ANTROPOLOGÍA.

–       Míralo también con el enfoque siguiente: siempre que estén en un mismo organismo alma y cuerpo, al uno le prescribe la naturaleza que sea esclavo y esté sometido, y a la otra mandar y ser dueña. Y según esto, de nuevo ¿cuál de ellos te parece semejante a lo divino y cual a lo mortal? ¿O no te parece que lo divino es lo que está naturalmente capacitado para mandar y ejercer de guía, mientras que lo mortal lo está para ser guiado y hacer de siervo?

–          Me lo parece, desde luego.

–          Entonces, ¿a cual de los dos se parece el alma?

–          Está claro, Sócrates, que el alma a lo divino y el cuerpo a lo mortal.

–          Examina, pues, Cebes,  -dijo-, si de todo lo dicho se nos deduce esto: que el alma es lo más semejante a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble y que está siempre idéntico consigo mismo, mientras qué a su vez, el cuerpo es lo más semejante a lo humano, mortal, multiforme, irracional, soluble y que nunca está idéntico a sí mismo. ¿podemos decir alguna otra cosa en contra de esto, querido Cebes, por lo que no sea así?

–          No podemos.

–          Entonces, ¿qué? Si las cosas se presentan así, ¿no le conviene al cuerpo disolverse pronto, y al alma, en cambio, ser por completo indisoluble o muy próxima a ello?

–          Pues ¿cómo no?

Platón, Fedón, 79b-81a, Traducción de Carlos García Gual, Editorial Gredos, Madrid, 2000.

EPISTEMOLOGÍA.

– Por consiguiente, el método dialéctico es el único que marcha, cancelando los supuestos, hasta el principio mismo, a fin de consolidarse allí. Y dicho método empuja poco a poco al ojo del alma, cuando está sumergido realmente en el fango de la ignorancia, y lo eleva a las alturas, utilizando como asistentes y auxiliares para esta conversión a las artes que hemos descrito. A éstas muchas veces las hemos llamado ‘ciencias’, por costumbre, pero habría que darles un nombre más claro que el de ‘opinión’ pero más oscuro que el de ‘ciencia’. En lo dicho anteriormente lo hemos diferenciado como ‘pensamiento discursivo’, pero no es cosa de disputar acerca del nombre en materias tales como las que se presentan a examen.

– No, en efecto.

– Entonces estaremos satisfechos, como antes, con llamar a la primera parte ‘ciencia’, a la segunda ‘pensamiento discursivo’, a la tercera ‘creencia’ y a la cuarta ‘conjetura’, y estas dos últimas en conjunto ‘opinión’, mientras que a las dos primeras en conjunto ‘inteligencia’, la opinión referida al devenir y la inteligencia a la esencia. Y lo que es la esencia respecto del devenir lo es la inteligencia respecto de la opinión; y lo que es la ciencia respecto de la creencia lo es el pensamiento discursivo respecto a la conjetura. En cuanto a la proporción entre sí y a la división en dos de cada uno de los ámbitos correspondientes, o sea, lo opinable y lo inteligible, dejémoslo, Glaucón, para que no tengamos que vérnoslas con discursos mucho más largos que los pronunciados anteriormente.

Platón, República,  532b-535a, Traducción de Conrado Eggers Lan, Editorial Gredos, Madrid, 2000.

ÉTICA-POLÍTICA.

– Contábamos entonces, Glaucón, con una cierta imagen de la justicia, que nos ha sido de provecho para tener por recto que quien es por naturaleza fabricante de calzado no haga otra cosa que fabricar calzado, y que el carpintero no haga otra cosa que obras de carpintería, y así con los demás de esa índole.

– Es claro.

– Y la justicia era en realidad, según parece, algo de esta índole, mas no respecto del quehacer exterior de lo suyo, sino respecto del quehacer interno, que es el que verdaderamente concierne a sí mismo y a lo suyo, al no permitir a las especies que hay dentro del alma hacer lo ajeno ni interferir una en las tareas de la otra. Tal hombre ha de disponer bien lo que es suyo propio, en sentido estricto, y se autogobernará, poniéndose en orden a sí mismo con amor y armonizando sus tres especies simplemente como los tres términos de la escala musical: el más bajo, el más alto y el medio. Y si llega a haber otros términos intermedios, los unirá a todos; y se generará así, a partir de la multiplicidad, la unidad absoluta, moderada y armónica. Quien obre en tales condiciones, ya sea en la adquisición de riquezas o en el cuidado del cuerpo, ya en los asuntos del Estado o en las transacciones privadas, en todos estos casos tendrá por justa y bella –y así la denominará- la acción que preserve este estado de alma y coadyuve a su producción, y por sabia la ciencia que supervise dicha acción. Por el contrario, considerará injusta la acción que disuelva dicho estado anímico y llamará ‘ignorante’ a la opinión que la haya presidido.

– En todo sentido dices la verdad.

– O sea, si afirmáramos que hemos descubierto al hombre justo y al Estado justo y lo que es la justicia que se encuentra en ellos, no pensaríamos erróneamente.

– No, ¡por Zeus!

– ¿Lo afirmaremos, entonces?

– Lo afirmaremos.

Platón, República, 441 c – 444 a. Traducción de Conrado Eggers Lan, Editorial Gredos, Madrid, 2000.

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