Santo Tomás. Esquema

  1. RELACIÓN ENTRE FE Y RAZÓN.

1.1 Límites de la razón y límites de la fe.

  • Punto de partida: cristianismo y aristotelismo.
  • Conocimiento de Dios: imperfecto y analógico.
  • Relación: no hay conflicto entre ambos.

1.2 Contenidos de la razón y de la fe.

1.3 Colaboración de la  razón con la fe. .

1.4 Colaboración de la fe con la razón.

1.5  El conocimiento racional: esquema aristotélico.

2.CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LA REALIDAD.

2.1  Distinción entre esencia y existencia.

- Esencia: materia + forma. Potencia.    – Existencia: acto.

- Completa las distinciones aristotélicas: materia-forma y potencia-acto. Permite explicar la diferencia entre Dios y las criaturas.

- Las criaturas son contingentes. Su esencia no coincide con su existencia.

- La naturaleza de Dios consiste en existir. Es acto puro de existir. Esencia = existencia.

2.2 Demostraciones de la existencia de Dios.

a) ¿Es necesario demostrar la existencia de Dios? Si, porque no es algo evidente, no lo comprobamos de manera inmediata y directa. Es preciso demostrarlo mediante el método adecuadio à a posteriori:  partiendo de las cosas sensibles hasta la causa incausada.

b) Estructura de las vías.

1) Punto de partida: hechos de experiencia.

2) Aplicación del principio de causalidad.

3) Imposibilidad de una serie infinita de causas.

4) Afirmación de la existencia de Dios.

c) Vías.

1ª. Movimiento à motor inmóvil.

2ª Causalidad eficiente à causa incausada.

3ª Seres contingentes à Ser necesario.

4ª Grados de perfección à Ser perfecto.

5ª Orden del Universo à Ser ordenador.

2.3 Conocimiento de la naturaleza o esencia de Dios.(complemento de la fe)

a) Vía de la negación.

b) Vía afirmativa.

c) Vía de la eminencia.

San Agustín.

0. Contexto.

a) De Aristóteles a San Agustín. Helenismo.

b) El imperio romano.

c) Cristianismo y filosofía.

  • Aportaciones del cristianismo a la filosofía.
  • El origen del cristianismo y la patrística.

c) Vida y obras de San Agustín.

 1. Teoría del conocimiento.

a) Razón y fe.

- P. partida: biografía.

- La razón se subordina a la fe. La filosofía es sierva de la teología.

Verdad= verdad cristiana = razón +FE.

Dios es la verdad y en él la Sabiduría.

Relación entre razón y fe:

1º La razón ayuda encontrar la fe: nos permite tener conocimiento de las verdades defe como ago razonable.

2º La fe ilumina y orienta a la razón.

3º La razón contribuye a comprender los contenidos de la fe.

Conclusión:  el conocimiento procede de la iluminación divina. Tanto la fe como la razón proceden en última instacia de Dios.  Pero sólo llega a comprende verdaderamente quien tiene fe.

b) El proceso del conocimiento.

1.  P. partida: vs escépticos: es posibe encontrar certezas. (Si fallor, sum). Introspección.

2. Buscado la verdad la me se trasciende a sí misma. Al encontrar verdades inmutables el hombre se reconoce a sí mismo mutable. Esas verdades no proceden de él. Autotrascendencia.

3. Gracias a la Iluminación el hombre reconoce las verdades eternas en la mente de Dios. “Las ideas son formas arquetípicas o esencias permanentes e inmutables de las cosas, que no han sido formadas sino que, exitiendo eternamente y de manera inmutable, se hallan contenidas en la inteligencia divina.” (Quaestio XLVI, De ideis, 2) El conocimiento de esas verdades eternas en Dios es la Sabiduría.

Grados del conocimiento:

-Cto sensible: Doxa. Se ocupa el alma aunque su intrumento son sentidos, opinión. Su objeto es lo mudable.

- Cto racional:

Parte inferior del alma: Ciencia. Conocimiento de lo que hay de universal en la realidad temporal. (ej. cto matemético) Se produce con ocasión del contacto con lo sensible.

Parte superior del alma: Sabiduría. Es el auténtico conocimiento, el de las verdades universales y necesarias, el conocimiento de las ideas en la mente de Dios.  Se accede a él a través de la Iluminación.

2. Antropología.

2.1 El hombre.

2.2 El problema de la libertad.

2.3 El amor.

2.4 La historia y la ciudad de Dios

El carácter negativo de la cultura.

“Todo lo que el hombre inventa y crea para facilitarse la vida, todo eso que llama­ mos civilización y cultura, llega un momento en que se revuelve contra él. Precisamente porque es una creación queda ahí, en el mundo, fuera del sujeto que lo creó, goza de existencia propia, se convierte en cosa, en mundo frente al hombre, y lanzado a su par­ticular e inexorable destino, se desentiende de la intención con que el hombre lo creó para salir de un apuro ocasional. Es el inconve­niente de ser creador.

[...] Hoy vivimos una hora sobremanera característica de esta trágica peripecia. La economía, la técnica, facilidades que el hombre inventa, le han puesto hoy cerco y amenazan estrangularle. Las ciencias, al engrosar fabulosamente y multiplicarse y especializar­ se, rebasan las capacidades de adquisición que el hombre posee y le acongojan y oprimen como plagas de la naturaleza. Está el hom­bre en peligro de convertirse en esclavo de sus ciencias. El estudio no es ya el otium, la scholé, que fue en Grecia -empieza ya a inun­dar la vida del hombre y rebosar sus limites. La inversión caracteristica de esa rebelión contra su creador de las creaciones humanas es ya inminente: en vez de estudiar para vivir va a tener que vivir para estudiar.

En una u otra forma ha acontecido ya esto varias veces en la historia. El hombre se pierde en su propia riqueza: su propia cultura, vegetando tropicalmente en torno a él, acabó por ahogarle. Las lla­madas crisis históricas no son, a la postre, sino esto. El hombre no puede ser demasiado rico: si un exceso de facultades, de posi­bilidades, se ofrece a su elección, naufraga en ellas y a fuerza de posibles pierde el sentido de lo necesario.

[...] No olvidéis que siempre, cuando un instrumento creado por el hombre se revuelve contra él, la sociedad, a su vez, se revuelve contra aquella creación, duda de su eficacia, siente antipatía hacia ella y le exige que cumpla su primitiva misión de pura facilidad. Hay aquí, pues, un adrama: el libro es imprescindible en estas alturas de la historia, pero el libro está en peligro porque se ha vuelto un peligro para el hombre.”
Ortega y Gasset. Misión del bibliotecario. 1935

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